Ecos revolucionarios en el Caribe. Medio siglo de influencia cubana en la Venezuela contemporánea (1958-2013) es una obra histórica que parte del intento de explicar una problemática esencial en la América de actual, como son las relaciones cubano-venezolanas, pero que se despliega desde sus precedentes en el término medio. Para ello, no parte de un pasado cercano que explique la conformación de la realidad presente, sino que se lanza a abordar la cuestión desde la aparición de la Revolución Cubana e, incluso, desde sus precedentes. Antes de comenzar, es necesario plantear el inciso de que quien busque en esta obra solamente un ensayo sobre las relaciones entre los dos estados errará, ya que la monografía se centra en parte en esa cuestión, pero lo hace tanto o más en cómo la vinculación con Cuba produce cambios y adaptaciones dentro de múltiples facetas de la vida en Venezuela (política, economía, sociedad, etc.).
En esa búsqueda de la explicación en el tiempo de ciclo medio, la obra presenta una subdivisión notable en tres partes o bloques bien definidos. La utilización de estas tres partes o etapas históricas obedece a los grandes cambios que se operan en la dinámica histórica entre países y, en cierta manera, se entiende que cada uno de ellos puede suponer en sí mismo una obra específica, pero se entiende que unidos contribuyen a una mejor visión de conjunto.
El primero de los bloques que el autor establece es el que comienza con la llegada al poder, casi de manera simultánea, de la Revolución cubana y del proceso democrático venezolano. Ese es el punto central de este capítulo, que se presenta bien contextualizado a través de los fenómenos previos y del soporte otorgado por la incipiente democracia venezolana a los movimientos contrarios a Batista. Aparte de ello, el capítulo muestra y amplía las vicisitudes ontológicas, ideológicas y diplomáticas que llevan a la pronta ruptura y confrontación entre ambos países. Desarrollando no solo el aspecto diplomático, ya iniciado previamente por algunos autores, sino incidiendo también en el papel jugado por los grupos revolucionarios existentes en Venezuela y sus vicisitudes. En ese sentido, la obra trasciende el planteamiento de la considerable ayuda recibida desde Cuba, ya bastante conocida por la historiografía previa, y plantea la Revolución cubana como un parteaguas político, ideológico y de acción. En este bloque se observan los éxitos, pero también y sobre todo los fracasos de la estrategia cubana en Venezuela, símbolo de la política latinoamericana de la revolución en los años sesenta.
Si el primer bloque es un bloque bien estructurado, pero necesario desde el planteamiento inicial por la intensidad del intercambio, el segundo aborda interesantes cuestiones poco trabajadas por la historiografía previa, al menos de una forma conectada y con un discurso explicativo general que supere los existentes estudios específicos. Este segundo bloque aborda tres cuestiones básicas: el crecimiento venezolano y el reposicionamiento internacional del país y de Cuba en los setenta; el recalentamiento del conflicto bipolar en el Caribe durante la década de los ochenta; y, por último, los duros años noventa. De este amplio apartado, quizás lo más interesante (más allá de la propia dinámica bilateral) es el papel que quiere jugar Venezuela en la nueva realidad latinoamericana y cómo ello incluye ejercer un papel activo en la resolución de conflictos. Y es en ese nuevo rol donde aparece el intento de participar como protagonista en una hipotética transición en la Cuba postsoviética.
Por último, el tercer apartado es el que quizás resulte más interesante para el gran público, que no es otro que el abordaje de todo lo que tiene que ver con la cuestión chavista. Poniendo el punto final en el fallecimiento de Chávez, la obra hace un planteamiento de la relación personal entre líderes y de las en ocasiones azarosas vicisitudes que llevan al apoyo a Chávez por parte de Castro, pero sobre todo vincula la influencia cubana con la demolición del estado venezolano y la construcción de una realidad previa. En ese sentido, toma como punto de partida la amplísima bibliografía existente sobre el desmonte del estado venezolano (Caballero, Corrales, el propio Luis León, etc.) y construye, a través de las fuentes disponibles, un relato con afán de totalidad de la nueva construcción institucional. Este ambicioso objetivo posee ciertas limitaciones a la hora de realizar un completo abordaje, pero convendría destacar la importancia del cambio de registro histórico y analítico que el autor realiza en esta tercera parte y que se observa a la perfección en el último capítulo titulado «Un entramado ideológico particular y cambiante», quizás uno de los más sugerentes de la obra.
En definitiva, lo mejor que se puede afirmar de esta monografía es que trata de cumplir con creces con gran parte de los objetivos que se plantea desde el primer momento. Todo ello con sus lógicas limitaciones, que van desde las mencionadas previamente a la falta de una mayor profundización en las relaciones culturales. Un trabajo tan profuso e intenso solo es posible con la base de un amplio desarrollo bibliográfico y de fuentes. Principalmente de fuentes de muy diversa naturaleza (documentación de archivo, escritos e informes, prensa, historia oral, etc.) y que requieren un esfuerzo analítico específico y diferenciado, y también de una bibliografía amplia que muestra un conocimiento extenso sobre las diferentes aristas del fenómeno. En cierta medida fruto de ello surge el que consideramos su principal mérito, que es el maridaje de la historia con otras ciencias sociales como la ciencia política o las relaciones internacionales, en un ejercicio de análisis y síntesis crítica que se debe destacar. A su vez, también es digna de resaltar la manera en que la obra incardina el estudio de procesos ya finalizados con otros que aún tienen recorrido, mostrando abiertamente la parcialidad y las limitaciones de algunos análisis. Todo ello partiendo de la base de la realización de un estudio autónomo, que pone el foco en los actores principales sin desligarse del contexto general de Guerra Fría, pero sin caer en la manida simplificación de que todo es fruto de entes superiores y omnipotentes. En conclusión, Ecos revolucionarios en el Caribe. Medio siglo de influencia cubana en la Venezuela contemporánea (1958-2013) es una obra ambiciosa y de entidad que posee unos objetivos claros y definidos que el autor alcanza en algunos casos de manera notable, convirtiéndose así en un texto sugerente y útil para el estudio de la historia reciente y del tiempo presente en el área del Caribe durante el último medio siglo.